Lo que en realidad quería compartir sobre esto es cómo estoy viviendo esta sorpresa inesperada. La virgo que hay en mi se siente completamente confundida y frunce el ceño mientras que la yo que cree en la magia está extasiada y siente su corazón queriendo salírsele del pecho.
Me he sentado a contemplarla un montón de veces ya, hasta que se ha abierto completamente. Y no hay ya ceño fruncido, sino únicamente un corazón desbordado de alegría, emoción y magia…
Y así me ocurre con tantas cosas. Me empeño en que las cosas tengan que ser de la forma en la que están en mi cabeza (con sus miles de cajitas separadas) y la vida se empeña en querer enseñarme que la rigidez no tiene sentido porque siempre hay lugar para las sorpresas. Y yo no dejo de maravillarme por como las lecciones que necesito aprender las encuentro siempre en la naturaleza…